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Regala momentos

Regala momentos

Regala momentos

¿Quieres a tus hijos, a tus hijas?

Nadie lo duda, seguramente será uno de los amores más intensos que sentiremos en nuestra vida. Pero que tú lo tengas claro no basta, no es suficiente saberlo; es necesario que el amor se vea, es necesario que nuestros hijos e hijas perciban ese amor, porque va a ser el pilar que guíe su vida.

Es por ello, que te hago esta invitación: REGALA MOMENTOS.

Sí, momentos en los que la única pretensión sea estar ahí, disponible, entregando aquello que eres. Puede ser mientras juegas montando un puzzle, preparando una receta, paseando o teniendo una conversación de algo que ha sucedido.

Esta acción tan sencilla, requiere generalmente de tener voluntad, querer hacerlo, de saber que es importante “estar” y no “parecer” que estás; sí, porque a veces pasamos el día entero cerca “de” nuestros hijos e hijas, pero no “con” ellos y ellas, separados a una gran distancia emocional. Recordad que debería ser una elección y no una obligación.

Además requiere también acallar y aplazar nuestra lista de obligaciones y tareas infinitas, salir de compras, visitar a mi madre, preparar la comida, llamar a mi hermana… y hacer un espacio, una pausa, yo le llamo un kit kat y sin tiempo (aunque sean 5 min, mejor un poco más, claro), estar para tí.

Otra actitud imprescindible para este encuentro es que yo me encuentre en paz conmigo, atendiendo mis necesidades ¡claro! ¿Cómo preparar una comida deliciosa para nuestros hijos e hijas si yo me encuentro con hambre?, estaría como mínimo con mal humor, tensión o ansiedad y deseando de acabar; por ello, es indispensable que te escuches, a lo mejor necesitas tener algunos ratos para ti o recuperar algo de lo que hacías antes de tener a tus hijos o hijas, leer, hacer ejercicio, verte con tus amigas…pues date cuenta de ello y adaptándote a tus circunstancias agéndalo, con fecha y hora.

Si pudiéramos traducir en palabras este acercamiento, el tiempo dedicado a nuestros hijos e hijas sería:

  • Tú me importas
  • Eres valioso/valiosa para mí
  • Me encanta estar contigo
  • Disfruto estando a tu lado, haciendo esto contigo
  • Quiero saber más de ti, quiero que me cuentes más
  • Qué interesante lo que dices, lo que haces
  • Eres un ser súper especial
  • Te quiero mucho
  • Tienes unas capacidades admirables
  • Eres importante para mí, me aportas mucho

Es impensable el efecto tan positivo, que ello puede causar en nuestros hijos e hijas, unas criaturas en plena construcción de su identidad y con necesidad de sentir seguridad, amparo y confianza por parte de las figuras que los guían. Sin una fuerte vinculación con el padre o la madre, nuestros chicos, nuestras chicas no se sentirán con la suficiente valentía para afrontar el vuelo, para investigar por sí mismos, para transitar las pequeñas dificultades con confianza en su persona.

Pero además, el efecto se multiplica si verbalizamos la satisfacción que nos produce estar con ellos y ellas, cuánto aprendemos o qué bien lo pasamos en su compañía. Palabras que traspasarán su corazón si son sinceras y honestas y que dejarán una huella imborrable.

Escenas entrañables se vienen a mi memoria, durante el baño en la piscina del barrio entre padres e hijos donde había un intercambio de cariño, juego, risas…El encuentro que viven los abuelos y abuelas con sus nietos y nietas es algo muy especial porque no existe la carga educativa que llevamos los padres y las madres, y se entregan a ese momento de forma fluida, admirados por la maravilla de lo que está aconteciendo.

Es recomendable regalar momentos urgentemente, cuando existen tensiones en casa y el ambiente se nota cargado, cuando existen problemas en la convivencia; cuando nuestros niños o niñas no se portan bien, nos desafían, o llaman nuestra atención con rabietas y enfados; cuando hay peleas entre hermanos o tenemos varios hijos, en este último caso habría que regalar momentos exclusivos para cada uno; cuando nuestros chicos o chicas parecen tener baja autoestima, inseguridad o poca iniciativa.

Hay situaciones en las que nuestros hijos se enfadan, te llevan la contraria y se nota la tensión, estás a punto de explotar… pues ahí también puedes regalar un momento. Como adultos debemos llevar el control y recordar qué queremos transmitirles y desde donde queremos manejar la situación. Podemos dejarnos arrastrar por esas emociones y estallar como un volcán o ser conscientes de lo que se mueve adentro, responsabilizándonos de ello y necesitar a lo mejor una pausa, respirar, para poder mirar la situación desde la calma, quizás con firmeza, pero con respeto y mucho amor. Tendríamos que llevar siempre activos un sensor que nos avisara que estamos acercándonos a una zona de peligro, eso evitaría algunas de nuestras actuaciones imprevistas o poco acertadas. Desempolvar nuestro sentido del humor, recordar que están aprendiendo y que queremos acompañarles también en estos momentos… Este es el punto de origen de la inteligencia emocional y se hace indispensable un entrenamiento desde la infancia para llenar este mundo de seres más conscientes y responsables de sus emociones, palabras y actos.

Todos podemos regalar momentos y nuestros hijos e hijas lo necesitan tanto… Resulta tan obvio, que no “necesitan” muñecos, coches, o el último juego que anuncian en la tele, pero sí necesitan tu mirada, tu caricia, tu arrullo, tu acompañamiento, tus palabras de calma, tu protección, tu risa, tus besos y abrazos, tu ánimo, tu alegría, tu punto juguetón, tus palabras amables y tiernas…

Si eres de los no encuentras ese momento, aturdido, aturdida por los quehaceres diarios, observa qué haces cuando tienes un momento de espera por ej en una consulta, o mientras coméis, o dando un paseo o antes de dormir. ¿Dónde estás? ¿Te entregas a ese momento intentando conectar con él con ella, compartir qué quiere, qué le gusta, qué piensa, cómo se siente? Empieza por ahí, acercándote a sus vivencias de niño, de niña.

Muchos de los padres y madres ya habéis creado esa complicidad con vuestros hijos e hijas a través de esos momentos especiales entre los dos, un saludo especial a la llegada, el juego en el sofá al terminar de comer, la lectura del cuento al final del día, esos juegos que inventáis para hacer el paseo más entretenido, las canciones que cantáis en el coche…

Sin duda, el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros seres queridos y especialmente a esas personitas y jóvenes que están en casa, una cajita sorpresa llenita de ti.

Elena Alvarez Albarca
Psicóloga del Servicio Psicopedagógico Municipal

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